DÍA A DÍA
El conflicto armado en el país se convirtió en pan de cada día, nuestros medios de comunicación seguidamente ponen en nuestros ojos y oídos fragmentos de masacres y barbaries a los sectores rurales, arremetiendo con gran violencia contra las comunidades afro y los pueblos indígenas, libertarios de una patria que es destruida por la corrupción de ladrones de cuello blanco. La violencia ha llegado a un punto tan alto que es muy importante transformar esas imágenes de violencia y destrucción, las cuales están desapareciendo sueños e ilusiones de una tierra en paz, esa que siempre nos ha pertenecido pero que ahora ha sido arrebatada, en primera instancia a los campesinos. Creo que el silencio de las multitudes representaría el silencio de un pueblo que ha sido desterrado, mezclado y confundido, el cual en medio de mucho optimismo demuestra las ganas de cambios y mejoras no solo para ellos sino también para ciudades equivocadas y ciegas. Lo mas importante de entender es que la realidad del conflicto en Colombia no solo pertenece a los pueblos rurales por una tierra sino se trata de no dejar perder lo propio, estos hechos no solo los debemos ver y escuchar en la radio y la televisión como sino nos afectaran, Ya es suficiente encontrarnos estas situaciones en las calles; desplazados y grupos indígenas pidiendo ayuda. No podemos seguir como ciegos y mudos de sentimiento.
